Evaluaciones psicométricas

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Un estudiante de 17/18 años, próximo a graduarse de secundaria, han sido parte del proceso de educación formal al menos 14 años de su vida.  Hasta ese momento, el sistema educativo le indicaba cuál era el siguiente paso.  Por ejemplo, cuando finalizó sexto primaria, el siguiente escalón era primero básico.  Además, varias de las decisiones relacionadas con su educación fueron tomadas por lo padres.  Ellos decidieron en qué institución educativa lo inscribirían, entre otros.

 

Al terminar la secundaria, el joven aún no termina de prepararse para enfrentar el mercado laboral.  En una sociedad cada vez más competitiva y exigente, cada vez se requiere un mayor nivel educativo para poder optar a mejores oportunidades laborales.  Por ello, es importante que en ese momento el graduando decida a qué desea dedicarse en el futuro y continúe estudiando para prepararse profesionalmente.  Es una decisión trascendental: en ese momento decidirá a qué se dedicará el resto de su vida.  Además, para muchos es su primera decisión como adultos.

 

La decisión no es fácil.  Las instituciones de educación superior ofrecen cada vez más variedad de carreras.  Por otro lado, el joven debe encontrar qué le gusta hacer sin conocer a fondo todas las opciones posibles.  Adicionalmente, en algunos casos enfrentan la presión de padres que tienen la ilusión de que sus hijos sigan “la tradición familiar”.  A esto hay que agregar que los jóvenes deben tomar una decisión “adulta” si aún serlo: muchos de ellos aún están en la fase final de la adolescencia, resolviendo los problemas que se viven en esta etapa.

 

El orientador escolar cuenta con herramientas para apoyar a los jóvenes a que tomen una decisión madura, con base en información objetiva.  Una decisión que parta de un profundo conocimiento del joven (sus habilidades, sus intereses y sus rasgos de personalidad).  Para esto, el orientador escolar cuenta con pruebas psicométricas que evalúan los aspectos antes mencionados.  Al tener los resultados, es importante que el graduando tenga una entrevista con el profesional, donde él le explique detenidamente los resultados y sus implicaciones.  Luego, los resultados obtenidos se contrastan con las opciones de estudio que el joven está considerando.  En ese momento, se analiza si éstas se relacionan con el perfil del estudiante.  Por ejemplo, una persona  que piensa estudiar Ingeniería Civil, con una habilidad numérica arriba del promedio y alto interés en esta área, ha seleccionado una carrera acorde a su perfil.  Por el contrario, alguien que quiere trabajar en ventas, pero tiende a ser introvertido y tiene un bajo interés en persuadir a las personas, está considerando una carrera que no va acorde a su perfil.  Probablemente no se sienta cómodo en ella.  El orientador escolar analizará con el orientado las ventajas y desventajas de cada carrera y la posibilidad de desarrollar habilidades que no se tienen en ese momento.  Durante la entrevista, el joven tendrá la oportunidad de plantear sus dudas.  La decisión final es de quien llega a recibir esta orientación vocacional.

 

Además de un proceso de orientación vocacional, se sugiere que el joven converse con personas que laboran en las profesiones que él está considerando.  Incluso, que comparta con ellas dentro de su campo de trabajo.  Esto permitirá que él conozca en la práctica qué hace cada día una persona que se dedica a lo que él piensa estudiar.  Así el podrá cuestionarse si eso es lo que a él le gustaría hacer los próximos 40 años. 

 

Un aspecto a veces olvidado dentro de este proceso es la oportunidad laboral que existe en la carrera considerada.  Es conveniente que el joven averigüe qué puestos de trabajo se encuentran, qué tan fácil o difícil es ubicarse en ellos, qué oportunidades de crecimiento existen, qué nivel de especialización se exige, si es posible desarrollar una empresa u organización propia, cuál es el salario promedio.

 

Finalmente, es importante que el joven decida dónde estudiará.  Para esto, lo primero que debe hacer es visitar las instituciones de educación superior y solicitar información sobre las carreras que éstas ofrecen.  Luego, deberá pedir el pensum para analizarlo detenidamente.  Dentro de esta evaluación, debe considerarse además la filosofía de la institución, ya que el estudiante estará en contacto con ella durante toda su formación.  A la vez, debe considerar las cuotas de estudio: ¿Son accesibles para él y sus padres?  ¿Existe la posibilidad de solicitar una beca?

 

En síntesis, el estudiante que egresa de secundaria debe tomar una decisión adulta cuando aún no está preparado para hacerlo.  Es una decisión que debe tomar considerando lo que le gustaría hacer en el futuro y lo que le conviene realizar más adelante.  Es una decisión trascendental y para tomarla puede apoyarse en un profesional especializado en esto: el orientador escolar.

 

Lic. Tania Guillioli  

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